martes, 5 de abril de 2011

ROXETTE: La noche entre hits y recuerdos

Regreso. Los suecos tocaron ante unas diez mil personas en el Velódromo Municipal

Las canciones de Roxette, al menos sus grandes éxitos, están indisociablemente ligados a una parte de la vida de los que las disfrutaron en su momento, sea la preadolescencia, la adolescencia o la juventud. Revivirlas fue una experiencia particular.

Como sucede con muchos artistas que vivieron un período fuerte de explosión de popularidad mundial, sus carreras quedan atadas a lo que produjeron en ese entonces. Por eso hoy la mención de Roxette dispara en la memoria de cualquiera que haya seguido su música el sonido del teclado con el que arranca The look, la grandilocuencia de Listen to your heart, el aire de drama romántico adolescente de It must have been love, la energía contagiosa de Joyride y el estribillo de Dresse for success, entre muchos otros. Es cierto que la canción She´s got nothing on (but the radio), el pegadizo simple que salió hace dos meses con su último disco Charm school, es un hit de radio por naturaleza. Pero es igualmente cierto que no había que tener dotes de observación muy desarrollada para notar que la mayoría de las aproximadamente diez mil personas que el sábado los vieron en el Velódromo se movían más con los viejos éxitos que con los nuevos.

Marie Fredriksson y Per Gessle, los líderes y fundadores de Roxette, lo saben. Por eso lo que va de esta gira mundial se apoya en buena medida en aquellas canciones que les dieron fama y fortuna hace dos décadas.

"Tanto tiempo sin vernos", dijo Gessle en inglés. "Han pasado diecinueve años". El público que los había visto en su primera visita, o el que se quedó con ganas de verlos tenía muy clara esa cifra. En su momento, todo el mundo escuchaba las canciones de Roxette, con o sin ganas, porque sonaban hasta donde no había parlantes. Es el poder del pop, que al ser contagioso es tan lucrativo como atrapante. Y, además, muchas de sus canciones tuvieron la virtud de sintonizar, o de marcar, la sensibilidad afectiva de toda una generación de jóvenes a los que la voz de Marie en Listen to your heart les hacía revivir historias amorosas propias de la adolescencia.

Pero el sábado aparecieron algunas diferencias. El tratamiento de casi todas las canciones clásicas había cambiado. De ser temas pop y fuertes pasaron a ser canciones un poco más roqueras o más apoyadas en las guitarras. Marie Fredriksson pasó de ser la presencia más grande con su voz a ser casi una figura más de los siete de la banda, con menos movimiento e incluso más tapada por los demás instrumentos. Pero esto, más que la indicación de algo negativo, es solamente la constatación de una fuerza de voluntad muy grande que la trajo a los escenarios después de enfrentar un tumor cerebral que le dejó secuelas y la alejó de las giras por siete años.

Per Gessle ha sido el principal compositor de la banda pero ahora tiene que ser, además, el principal agitador. Sin embargo Marie y las canciones pudieron conquistar al público. O más bien, el público, apoyado en sus recuerdos y vivencias, esperaba verla y oírla. Por eso se ganó una ovación espontánea cuando quedó prácticamente sola en el escenario para cantar un tema.

Antes de ellos estuvo Martina Gadea. Las notas no suelen mencionar a los teloneros, pero en este caso vale destacarla porque tuvo la difícil tarea de enfrentar a una audiencia grande que esperaba a los veteranos suecos y no a una solista uruguaya estrenada hace poco. Y lo hizo bien, a su estilo, acústico y casi intimista, totalmente opuesto a lo festivo de Roxette. Por eso no cayó en el lugar común de preparar el ambiente ni nada por el estilo, salvo por el punto en que algunas de sus canciones remiten al pasado, ya sea en espíritu o por alusiones directas, desde la música y desde las letras.

La referencia de la banda a Uruguay no se remitió solo al comentario de Gessle sobre la fecha. Los demás músicos agregaron sus aportes, como piques de candombe o acordes de La Cumparsita, con lo que volvieron a sorprender al público. Igualmente no se va a un concierto de Roxette buscando sorpresas. Uno quiere escuchar otra vez baladas como Spending my time y, por supuesto, The look. Este tema quedó para rematar el primero de los dos bises. Cuando se subieron al segundo prácticamente habían hecho todas sus canciones exitosas y varias de las más recientes. El público ya tenía lo que había ido a buscar, aunque un poco distinto. Roxette, igual, les había dado el gusto en una noche a partir de la que sus canciones volvieron a quedar sonando en las mentes de muchos. Igual que veinte años atrás.

Cambios: La dupla que definía todo dejó mayor espacio al grupo de siete músicos.


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